Quiero una humilde morada,
perfecta coartada de mi libertad.
Busco tan sólo mi espacio,
no quiero un palacio con vistas al mar.
Pero el derecho a prescrito,
el cielo en un grito ¡hogar dulce hogar!
Si llega la lluvia y el frío
me hago un huequecito en la barra del bar.
Quiero unos metros de suelo,
el amparo de un techo, un día sin sol.
Poner la carne en el fuego,
contigo un incendio, colchón para dos.
En el país del cemento
el más buitre contento juega a especular.
Deudas que huelen a muerto,
si se acaba el tiempo las van a heredar...