Aprendí que nunca es siempre demasiado,
que morir no es lo peor que les pasó.
Aprendí a caminar por los tejados
y que puedo ser feliz en mi prisión.
Aprendí que los que matan nunca amaron,
que pisar fuerte no es tener valor.
Aprendí a brindar por los que nos dejaron
y a querer que crezca algo en tu interior.

Se ha cerrado la puerta de atrás
y el fuego se fué por la ventana.
Tan vacío me dio por pensar
que lo único que sé es que no sé nada.

Aprendí que quien decide no es el pueblo,
que no hay balas que asesinen la verdad.
Aprendí que dios forma parte de un cuento
y yo vivo en el infierno de mi ciudad.
Aprendí que en el mercado no hay salida,
que el dinero compra la vulgaridad.
Aprendí que la lucha no está perdida,
que prefiero ser extraño a ser normal.